El enojo es una expresión violenta de mal carácter, por lo general se
trata de una manifestación con la cual se expresa un fuerte desagrado o
indignación. Constituye una actitud antisocial, ya que comúnmente se
dirige contra otras personas y afecta las relaciones interpersonales.
El enojo puede ser pasajero o persistente; puede tratarse de una experiencia
esporádica o accidental; o por el contrario, de un hábito arraigado en
personas iracundas o coléricas. También es posible que alguien guarde un
enojo interior y oculto, y
que mostrará un enojo manifiesto y explosivo, que se expresará en
agresividad, maltrato y ofensas.
El enojo resulta perjudicial para quien
lo experimenta, porque el que se enoja pierde la paz y el gozo. Le
afecta su salud física, se ofusca la razón; no soluciona nada, por el
contrario todo lo empeora. El enojo surge por tener el hábito del enojo muy arraigado. Probablemente desde niño
no hubo corrección en cuanto a las explosiones de ira y éstas se
hicieron hábito. Ahora es preciso desarraigarlas mediante una disciplina
transformadora del carácter.
También puede derivar por tener conflictos interiores no solucionados. Cuando interiormente
se está malhumorado o disgustado, cuando se tiene mala conciencia
porque las acciones han sido injustas, cuando se guardan resentimientos o
rencor contra alguien, cuando se está molesto por alguna contrariedad,
preocupado por algún problema, presionado por alguna situación, amargado
por alguna circunstancia se es más propenso al enojo y a tratar mal a
los demás.
Es fundamental solucionar debidamente los problemas
interiores para no reaccionar mal contra otros, nadie tiene derecho a
dar maltrato a los demás. Por el maltrato que alguien recibió de otros. Las
personas con quienes se convive también pueden tener su mal carácter y
muchas veces tratan agresivamente; entonces alguien puede sentirse
tentado a reaccionar mal y a manifestar enojo, es decir, a devolver mal
por mal. Si me gritan, grito; si me ofenden, ofendo; si me agreden,
agredo. Es importante poder reconocer la presión especial de esos
momentos para no reaccionar negativamente.
El enojo constituye una pasión desordenada, una emoción enfermiza que
es fuente de ofensas, contiendas y toda clase de maldad. Atenta contra
el prójimo, pero la más afectada es la persona iracunda.
La otra cara de la moneda es esta:
La forma natural e instintiva de expresar el enojo es responder de
manera agresiva. El enojo es una respuesta natural que se adapta a las
amenazas, e inspira sentimientos intensos, con frecuencia agresivos, y
conductas que nos permiten luchar y defendernos cuando nos sentimos
atacados. Por lo tanto, para sobrevivir es necesario un determinado
grado de enojo. Las personas utilizan una diversidad de procesos conscientes e
inconscientes para lidiar con sus sentimientos de enojo. Las tres
reacciones principales son expresar, reprimir y calmarse.
Expresar sus sentimientos de enojo con firmeza pero sin
agresividad es la manera más sana de expresar el enojo. Para hacerlo,
debe aprender cómo dejar en claro cuáles son sus necesidades y cómo
realizarlas sin lastimar a otros. Ser firme no significa ser prepotente
ni exigente; significa respetarse a sí mismo y a los demás.
Otra manera de abordar esta reacción consiste en reprimir el
enojo y después convertirlo o redirigirlo. Esto sucede cuando usted
contiene su enojo, deja de pensar en ello y en cambio se concentra en
hacer algo positivo. El objetivo es inhibir o reprimir su enojo y
convertirlo en una conducta mucho más constructiva. El peligro en este
tipo de respuesta es que no le permite exteriorizar su enojo, pudiendo
quedarse en su fuero interno. El enojo que queda en su fuero interno
puede causar hipertensión, presión arterial elevada o depresión.
El enojo no expresado puede generar otros problemas. Puede
conducir a expresiones de ira patológica como por ejemplo, conducta
pasiva-agresiva (desquitarse con las personas indirectamente, sin
decirles el motivo, en lugar de hacerlo de frente) o una actitud cínica y
hostil duradera. Las personas que están constantemente menospreciando a
los demás, criticando todo y haciendo comentarios cínicos, no han
aprendido a expresar su enojo de manera constructiva. No es sorprendente
entonces, encontrar que éstas no tienen la probabilidad de establecer
relaciones exitosas.
Por último, puede calmarse interiormente. Esto significa no
sólo controlar su conducta externa sino también controlar sus respuestas
internas, siguiendo los pasos para reducir su ritmo cardíaco, calmarse y
dejar que los sentimientos pasen.
La lógica vence a la ira, porque la ira, incluso cuando es
justificada, puede volverse rápidamente irracional. Por lo tanto, use la
lógica fría para usted. Recuerde que el mundo no está en contra suyo,
usted simplemente está experimentando algunos de los malos momentos de
la vida cotidiana. Haga esto cada vez que sienta que la ira le está
quitando lo mejor de sí. Esto ayudará a tener una perspectiva más
equilibrada.
Las personas enojadas tienden a exigir justicia, valoración,
acuerdo entre las partes y disposición para hacer las cosas a su manera.
Todos deseamos estas cosas y nos sentimos lastimados y desilusionados
cuando no las obtenemos; pero las personas enojadas las exigen y cuando
sus exigencias no se cumplen, su desilusión se transforma en ira.
Como
parte de su reestructuración cognitiva, las personas enojadas deben
tomar conciencia de su naturaleza exigente y convertir sus expectativas
en deseos. En otras palabras, decir "me gustaría" algo es más sano que
decir "exijo" o "debo tener" algo. Cuando no puede obtener lo que desea,
experimentará reacciones normales: frustración, desilusión, dolor, pero
no ira. Algunas personas usan su ira como una forma de evitar sentirse
heridas, pero eso no significa que el dolor desaparezca.
Usted decide.

No hay comentarios:
Publicar un comentario